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Participación en la industria frutícola de Chile y Perú, por medio de la inversión extranjera

09 de Noviembre 2017

Por Matías Araya, socio de Araya & Cía. Abogados, firma especializada en derecho agrícola y comercio internacional, para la Revista Fresh Focus Latin America

Tanto Chile como Perú se han convertido, desde el Hemisferio Sur, en proveedores claves en contraestación para los principales destinos de la fruta fresca a nivel mundial, sea de uva de mesa, arándanos o palta en el caso de ambos países, cerezas, carozos y pomáceas por parte de Chile, y mangos desde Perú. Hay una gran cantidad de productos a considerar que nos han convertido en actores relevantes de esta industria, por lo que los actores mundiales han considerado invertir en estos países, a modo de asegurar un abastecimiento de calidad y en volumen adecuado durante los meses de invierno del Hemisferio Norte.

En el comercio internacional, y particularmente en el negocio frutícola que es de los más diversificados y delicados en el mundo (debido a la naturaleza perecible de la fruta), se hace muy necesario tener grados de presencia y buscar un mayor grado de integración en la cadena. Esto significa una mayor apuesta en estos mercados y en una forma de proyectar una mejor posición de negocios para todos los involucrados, desde el productor hasta el supermercado que ofrece la fruta al consumidor.

Un inversionista puede establecerse en estos países con una especie de broker, en que la empresa extranjera contrata a un símil de agente de negocios que se encarga de buscar volumen, hablar con los fruticultores, hacer controles de calidad y asegurar los productos, entre otras tareas. Pero también es posible -por más complejo que parezca- tener una presencia jurídica acá, asentarse como productor/exportador y, eventualmente, tener una participación o inversión en tierra o agua.  

Una de las tónicas que se han visto en los últimos años, en cuanto a materias de inversión extranjera en el agro chileno, especialmente desde China, se refiere a la construcción de relaciones a largo plazo, rememorando en parte el tipo de acercamiento que exportadores locales e importadores norteamericanos comenzaron hace 20 años. A veces, incluso se ven a inversionistas chinos buscando integración horizontal con la cadena productiva chilena, comprando una participación en una determinada empresa local. De esta manera, se busca consolidar una confianza, y existen políticas públicas dentro de Chile para que, precisamente, el inversionista extranjero tenga la mayor seguridad jurídica en cuanto a que se le va a cumplir, y que su proyecto se encuentra protegido.

Independiente de la forma que se adopte para sacar máximo partido a la producción frutícola de estos lugares, cual sea el camino a tomar, no solo se requiere de un trabajo coordinado, sino de una inversión de una u otra manera tiene que estar protegida y hacerse en conocimiento del marco regulatorio de los países, con el objeto de no solo de cumplir con la norma, sino también de aprovechar los beneficios y sacar partido a las ventajas.

Por ejemplo, la propiedad de los predios agrícolas en Chile es independiente de la propiedad de los derechos de agua, requeridos para el riego del mismo campo. Ese es un hecho clave que todo inversionista debe tener en consideración, que por el solo hecho de adquirir la tierra no se está haciendo dueño del agua, por lo tanto debe tener los cuidados necesarios para contar con ambos elementos productivos. Como existe entonces esta separación absoluta entre la propiedad de la tierra y el agua en Chile, son necesarios estudios de título para lo primero, y estudios legales de antecedentes para lo segundo, a modo asegurar que la producción contará con los recursos hídricos demandados.

Si se invierte en un país como Chile y Perú, es necesario seguir los pasos legales de la forma más completa, seria y perfecta posible, pero eso no significa que la ley entrampe tales proyectos. Por el contrario, el régimen jurídico para la inversión extranjera es particularmente sencillo en Chile. No existe discriminación entre un empresario chileno o extranjero al momento de invertir, cualquier persona natural o entidad comercial puede hacerlo sin mayores problemas. Hay completa apertura para que vengan e inviertan.